Cuando hablamos de personalidad, nos estamos refiriendo a
un patrón de pensamientos, sentimientos y conductas que son únicas y singulares
en un sujeto, es decir, a aquellas características que persisten a lo largo del
tiempo y a través de las situaciones que nos hacen distinguirnos de los demás y
que nos llevan a relacionarnos con el entorno. No se trata de algo individual,
sino de un todo integrado con componentes biológicos y sociales, innatos y
aprendidos (Phares, 1988; López, Lafuente y García, 2007).
Las formas características que tiene una persona para responder algunas veces se
conocen como su personalidad. La personalidad es compleja y única, ya que los
individuos son diferentes unos de otros en múltiples componentes de la
conducta. Si las características de la personalidad no son lo suficientemente
flexibles como para permitir que un individuo responda en forma adaptada ante,
una variedad normal de situaciones, es probable que presente un trastorno.
De acuerdo con el DSM-IV-TR, los trastornos de
personalidad son patrones de percepción, de relación, y de pensamiento estables
acerca del medio y de uno mismo que se manifiestan en una amplia gama de
importantes contextos sociales y personales, y que son inflexibles y
desadaptativos, y ocasionan ya sea un deterioro funcional significativo o una
angustia subjetiva. (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales, DSM-IV, 1994, citado en Barlow y Durand, 2001).
Siguiendo a Barlow y Durand (2001) estos
patrones son estables y crónicos, no vienen y van, sino que se originan en la
infancia, suelen comenzar a despuntar en la adolescencia o principio de la edad
adulta, - momento en el que se considera que la personalidad ya está plenamente
formada-, y tienen continuidad en la edad adulta, pudiendo en algunos de los
casos empeorar o estabilizarse con los años.
Además este patrón se manifiesta en dos o más
de las áreas siguientes: cognición, afectividad, actividad interpersonal y
control de los impulsos. Limitan de manera severa la forma en que el individuo
enfrenta las situaciones que le producen estrés, ya que sus estilos
característicos de pensar y comportarse le permiten sólo un rango rígido y
estrecho de respuestas.
Hoy en día los trastornos de la personalidad
son vistos como una colección heterogénea de condiciones con características
persistentes que a menudo incluyen un egocentrismo exagerado, falta de
consideración por los sentimientos de los demás y reacciones emocionales que
tienen un efecto negativo en las relaciones interpersonales y en el éxito en la
vida.
Trastornos de la personalidad
Los trastornos de la personalidad están
reunidos en tres grupos que se basan en las similitudes de sus características.
El grupo A incluye los trastornos paranoide, esquizoide y esquizotípico de la
personalidad. El grupo B incluye los trastornos antisocial, límite, histriónico
y narcisista de la personalidad. El grupo C incluye los trastornos por
evitación, por dependencia y obsesivo-compulsivo de la personalidad.
GRUPO A: “RAROS Y EXCÉNTRICOS”
Se le conoce como el grupo de los raros o
excéntricos, puesto que las definiciones que los demás dan de estas personas
giran en torno a estas características.
Trastorno paranoide
La característica esencial del trastorno
paranoide de la personalidad es un patrón de desconfianza y suspicacia general
hacia los otros, de forma que las intenciones de éstos son interpretadas como
maliciosas.
No son personas que suelan buscar ayuda debido
a que consideran que el origen de sus problemas está en los demás, además son
individuos muy sensibles a la crítica y tienen una necesidad excesiva de
autonomía. Otra de las consecuencias de la paranoia es que puede derivar en
conductas celotípicas hacia sus parejas y su entorno.
La franja de edad que se observa en cuanto al
inicio de la actividad delictiva se sitúa en torno a los 42-49 años,
encontrándose también a sujetos con edades más avanzadas, esto avala las
teorías que indican que se trata de un trastorno de la personalidad resistente
al cambio (González Guerrero, 2007).
Trastorno
esquizoide
Las personas con el trastorno esquizoide son
reservadas, retraídas en el aspecto social y aislado. Siguiendo a Barlow y
Durand (2001), se puede decir que quienes sufren este trastorno manifiestan un
patrón de desapego de las relaciones sociales y una gama de emociones muy
limitadas en situaciones interpersonales.
La mejor descripción que se puede dar de ellos
es que parecen fríos, indiferentes y distantes con los demás. Ni desean ni
disfrutan de la proximidad de los demás, incluidas las relaciones amorosas o
sexuales.
Este trastorno debe distinguirse de otros
trastornos de la personalidad, en especial del evitativo, del cual se hablara
más adelante. En éste el rechazo del contacto se produce por el miedo a ser
rechazado, mientras que en el esquizoide simplemente no se desea tener
contacto, sin más motivación.
GRUPO B: “EMOCIONALES E IMPULSIVOS”
Es una de las formas más antiguamente
estudiadas (S. XVIII Pinel y Rush), Prichard lo calificó como locura moral, la
falta de repercusión afectiva de sus actuaciones. Las personas que conforman
estos grupos, en general son descritas por los demás como caprichosas,
teatrales, cambiantes, impulsivas, manipuladoras, orgullosas, con mal genio,
intrigables o egoístas.
Esbec y Echeburúa (2010) determinan que este
grupo es el que más relacionado está con la conducta delictiva en general y
violenta en particular. Además es el grupo que más vinculación tiene con el
abuso de alcohol y de drogas, algo que resulta un factor claramente disparador
de la violencia.
Trastorno
histriónico
La característica esencial del trastorno
histriónico de la personalidad es la emotividad generalizada y excesiva y el
comportamiento de búsqueda de atención. Este patrón empieza al principio de la
edad adulta y se da en diversos contextos. Este patrón empieza al principio de la edad adulta y se da
en diversos contextos.
Son personas de apariencia seductora y
encantadora, caprichosas, exhibicionistas, y muy extravertidas. Inician una
relación tras otra con gran facilidad pero tienen problemas para mantenerlas;
debido a su ansiado deseo de aprobación, son capaces de adecuar su comportamiento
en función de las expectativas de los demás.
Las emociones, expresadas de forma dramática y
teatral, suelen ser superficiales y volubles, por lo que es muy sugestionable. La relación con los demás carece de
empatía, no se generan sentimientos hacia los demás como personas, pues son
considerados como instrumentos para su fin. Pueden
tratar de ejercer un control sobre su compañero mediante la manipulación
emocional o la seducción.
Trastorno
narcisista
Estas personas se caracterizan por sus
sentimientos de importancia y grandiosidad, fantasías de éxito, necesidad de
atención y admiración, exhibicionismo,
necesidad de explotación interpersonal y falta de empatía.
Los sujetos con trastorno narcisista de la
personalidad creen que son superiores, especiales o únicos y esperan que los
demás les reconozcan como tales. Piensan que sólo les pueden comprender o sólo
pueden relacionarse con otras personas que son especiales o de alto status y
atribuyen a aquellos con quienes tienen relación las cualidades de ser «únicos»,
«perfectos» o de tener «talento».
También suelen usar o explotar a los demás para
sus propios intereses y manifiestan poca empatía. Y, como a menudo no logran
vivir al nivel de sus propias expectativas, se deprimen con frecuencia. (Barlow
y Durand 2001).
GRUPO C: “ANSIOSOS Y TEMEROSOS”
Se dice de ellas que son temerosas, calladas,
tímidas y retraídas. Tienen problemas para establecer relaciones
interpersonales debido a la elevada ansiedad que les produce enfrentarse a los
demás, su autoestima es más bien baja y sufren un gran sentimiento de
inferioridad.
Trastorno
por evitación
El trastorno de la personalidad por evitación
se caracteriza por un patrón de conducta de inhibición social debido a unos
marcados sentimientos de inferioridad e hipersensibilidad a la evaluación. Por
ello se evita relaciones íntimas y actividades o trabajos que puedan implicar
un contacto interpersonal por el miedo a la crítica y la desaprobación. El temor al rechazo desempeña un papel
clave para que estas personas se alejen de las relaciones personales.
La intimidad personal suele ser difícil para
ellos, aunque son capaces de establecer relaciones íntimas cuando hay seguridad
de una aceptación acrítica. Pueden actuar con represión, tener dificultades
para hablar de sí mismos y tener sentimientos íntimos de temor a ser
comprometidos, ridiculizados o avergonzados.
Carrasco y Maza (2005) indican que es muy poco
frecuente que estos sujetos cometan actos delictivos, aunque matizan que pueden
desarrollar conductas violentas de tipo vengativo o compensatorio como
consecuencia de sentimientos de inseguridad, fracaso o resentimientos hacia los
demás.
Pregunta:
¿Qué son los trastornos de la personalidad? De acuerdo con el DSM-IV-TR